Las trampas de la Moral
Mujeres, homosexuales y la traición del patriarcado latinoamericano
Hace pocos días, en una entrevista de televisión, la madre del candidato presidencial que lidera las encuestas en Perú, Ollanta Humala, declaró que la primera acción de gobierno de su hijo debería consistir en ejecutar un par de homosexuales para que se termine la inmoralidad del mundo. Por su parte, su padre reconoció que había hecho a su hijo militar para que llegue al poder. Su hijo, un centímetro más estratégico, les recomendó que no hablaran más hasta el día de las elecciones.
La confianza de esta señora madre en un acto “simbólico” por parte de su hijo, además de criminal, es un monumento a la ingenuidad. De esta forma se supone que si el hijo de María no pudo acabar con la inmoralidad del mundo sí podrá hacerlo el hijo de la señora Humala, recurriendo a una moral farisea que el mismo Jesús condenó repetidas veces. Otros puntos son aun más trágicos y significativos: la común escala de valores de los moralistas de la Inquisición, según la cual el asesinato y la abolición de los derechos humanos son necesarios para imponer la Moral en el mundo —la moral de criminales, está de más decirlo.
Desmoraliza verificar que la alternativa a una tradición política conservadora en América Latina, basada en una cultura de abusos —de clase, de sexo y de raza— sea tan mezquina como ésta que, para peor, pretende venderse como “revolucionaria”. ¿Cómo es posible que países como Perú, con culturas indígenas tan ricas, sigan presentando alternativas tan estrechas, propias de la vieja deformación colonialista al servicio de imperios extranjeros? Elegir entre Fujimori, Alan García, Ollanta Humala y Lourdes Flores es como elegir entre negro y oscuro, entre Oeste y Oriente. ¿Dónde están los Salomón de nuestros pueblos? ¿Dónde están nuestros pueblos?
Este hecho es también significativo por provenir de una mujer, de la madre de un supuesto “líder indígena” que no es más que otro militar autoritario con un discurso diferente pero con la misma mentalidad de mesianismo moralizante de otros tiempos. Es una prueba más de la traición del patriarcado que sirvió como instrumento principal en la brutal conquista y colonización de nuestros pueblos indígenas, que aspiran liberarse usando las mismas cadenas que antes los oprimían. Trataré de explicar esta tesis, brevemente.
Por una infinidad de datos, entiendo que el sistema patriarcal no estaba tan avanzado en la América precolombina como lo estaba en la Europa del siglo XV. Si bien es cierto que el Inca y otros jefes mesoamericanos expresaban ya un tipo de organización masculina, en las bases mayoritarias de las sociedades indígenas las mujeres aún mantenían una cuota de poder que luego le será expropiado. ¿Cómo y cuando se produce el nacimiento del patriarcado y la consecuente opresión de la mujer? Podríamos dar una explicación de perfil marxista, que por el momento se me ocurre como la más clara: del cambio de un sistema de subsistencia a un sistema donde la producción excedía el consumo, surgió no sólo la división del trabajo sino, también, la lucha por la apropiación de estos bienes excedentes. ¿Y quién sino los hombres estaban en mejores condiciones de apropiarse y administrar (en beneficio propio) este exceso? No por una razón de fuerza doméstica, sino porque la misma sobreproducción —con sus respectivos períodos de escasez— necesitó de una clase de guerreros organizados que extendieran el dominio a otras regiones y proveyesen de esclavos para retroalimentar el nuevo sistema. Los ejércitos, entonces, serían causa y consecuencia del patriarcado; antes que para la defensa surgen para el ataque, para la invasión, con la lógica tendencia a sustituir al poder político por la fuerza de su propia organización armada. Y, como todo poder político y social necesita una legitimación moral, ésta fue proporcionada por mitos, religiones y una moral hecha a medida y semejanza del hombre.
En muchas comunidades de base de la América precolombina, las mujeres continuaban
compartiendo el poder y el protagonismo social que no tenían las mujeres blancas
en sus propios reinos. Según el historiador Luis Vitale, la idea de la función “natural”
de la mujer como ama de casa es resistida por las mujeres indo-
La inhumana persecución y ejecución de los homosexuales es un claro síntoma de un patriarcado incipiente, más si consideramos que no tenemos la misma historia de incineraciones de lesbianas. El peligro de las mujeres al orden patriarcal se expresó de otras formas, no tanto por su práctica lésbica.
Ahora, ¿a qué me refiero con el título de este ensayo? Si bien podemos considerar que la división del trabajo pudo tener una función ventajosa para los dos sexos y para la sociedad en un determinado momento, también sabemos que el patriarcado, como cualquier sistema de poder, nunca fue democrático ni mucho menos inocente en su moralización. En el mundo precolombino ese patriarcado incipiente se materializó en la presencia de jefes y caudillos indígenas que progresivamente fueron traicionando al resto de sus propias sociedades. Si bien es cierto que hubo algunos caudillos rebeldes —como Tupac Amaru—, también sabemos que los conquistadores se sirvieron de esta clase privilegiada para dominar a millones de habitantes de estas tierras. ¿Cómo se comprende que unos pocos de miles de españoles sometieran a una civilización avanzadísima y gigantesca en número como la inca, la maya o la azteca, compuesta de millones de habitantes? Hubo muchos factores, como las enfermedades europeas —primeras armas biológicas de destrucción masiva—, pero ninguno de estos elementos hubiese sido suficiente sin la función servil de los caciques nativos. Éstos, para mantener el poder y los privilegios que tenían en sus sociedades, y para confirmar el patriarcado, se entendieron rápidamente con los blancos invasores. No es casualidad que en un mundo que luego se caracterizaría por el machismo hayan surgido tantas mujeres rebeldes que, desde el nacimiento de América se opusieron al invasor y organizaron levantamientos de todo tipo. La traición de los caiques no fue sólo una traición de clase sino también una traición del patriarcado. No es casualidad que otra de las características que sufrimos aún hoy en América Latina —y que analizáramos en un ensayo anterior— sea, precisamente, la división. Esta división alguna vez fue un elemento estratégico de la dominación española sobre el continente mestizo; luego se convirtió en una institución psicológica y social, en una ideología que llevó a la formación de países y nacionalismos liliputienses o gigantescos egoísmos. La misma división que luego sirvió para mantener pueblos enteros en la más prolongada opresión. La misma división que muestran los llamados “latinos” en Estados Unidos, según sus intereses personales más inmediatos.[4]
Entiendo que en el fondo toda la filosofía y los movimientos sociales del siglo XX
—especialmente de su segunda mitad— y de nuestro principio de siglo, consiste en
una lucha por el poder. La necesidad de definir si el hombre y la mujer son iguales
o son diferentes, desde una posición o desde otra, apunta a una reivindicación o
a una reacción. Por mucho tiempo las reivindicaciones feministas han sido más efectivas
en el mundo anglosajón. Aparentemente, en Estados Unidos las mujeres habrían logrado
un nivel de “igualdad” de derechos y una “anulación” de la cultura machista que aún
no habrían alcanzado otros países, como muchos de América Latina. No obstante, sin
negar cierto nivel de logros, estas “conquistas” pueden ser más virtuales que de
hecho. Podemos pensar que el ingreso de las mujeres del primer mundo al mercado laboral
fue una necesidad del sistema capitalista y que, por lo tanto, esta “liberación”
puede escribirse entre comillas en muchos casos. Por si los hechos fuesen poco, y
no sin paradoja, la retórica del patriarcado ha renacido en el centro del mundo anglosajón.
Phillip Longman, por ejemplo, es uno de los portadores de la idea de que le patriarcado
es la etapa por venir en el centro del mundo. Su teoría se asienta en la verificación
que el componente poblacional es crucial para mantener un poder (imperial), desde
la antigüedad greco-
Otra estrategia típica de los reaccionarios es ver los problemas de forma sincrónica e ignorar la perspectiva diacrónica. Si yo elimino la historia de un problema, lo que tenemos hoy se convierte en un estado “natural”, permanente y, por lo tanto, incuestionable. Por ejemplo, los más tolerantes promueven debates bajo la pregunta “¿son diferentes los hombres y las mujeres?” “¿Esta diferencia es biológica o cultural?” Pero estas preguntas, como casi todas, si no impone una respuesta restringen el conjunto de respuestas posibles. Dar dos opciones y exigir una respuesta es como trazar una línea rígida en el suelo y preguntar de qué lado están los demás. Si no están con nosotros están contra nosotros. No se permiten alternativas. Esta costumbre de negar la complejidad de la realidad es una burda estrategia ideológica que funciona a la perfección en política, pero un intelectual que se respete no puede aceptar sin rebeldía esta imposición de la ignorancia. Por lo tanto, debemos rebelarnos contra el precepto según el cual a “una pregunta no se debe responder con otra pregunta”. Respondamos a esa pregunta con otra pregunta: ¿eso que llamamos “hombre” o “mujer” es lo mismo hoy que fue hace tres mil o diez mil años? ¿Es la mujer francesa del siglo XVI la misma mujer del imperio inca o azteca de la misma época? La “mujer” ¿no puede ser a un mismo tiempo una realidad biológica y además una realidad cultural? ¿Esta necesidad de “definir” un género, ¿es una pretensión totalmente inocente, filosóficamente desinteresada?
Por la historia sabemos que eso que llamamos “hombre” o “mujer” nunca fueron exactamente la misma “cosa” ni nunca fueron absolutamente cosas diferentes. No obstante, en el debate por una definición determinada subyace el objetivo principal, no declarado: la lucha por el poder, por al liberación o por la opresión estratégica. Los responsables no son personas concretas ni es una simple estructura social, producto de una realidad económica donde se lucha por los beneficios materiales: son ambos. Pero si no podemos cambiar con una revolución un sistema económico social —en nuestro caso, el capitalismo tardío y el viejo patriarcado— que redacta los discursos y prescribe una Moral a su medida, tal vez todavía conservemos el derecho de desobedecer las retóricas usando esa vieja costumbre de cuestionar y bombardear dogmas usando argumentos. Tal vez así el pensamiento vuelva a ponerse al servicio de una búsqueda de la verdad y no al servicio del poder de turno o al servicio de las ambiciones personales.
© Jorge Majfud
Athens, marzo 2006.
[1] Luis Vitale. La mitad invisible de la historia. El protagonismo social de la
mujer iberoamericana. Buenos Aires: Sudamericana-
[2] Pedro de Cieza de León La crónica del Perú. Edición de Manuel Ballesteros. Madrid: Historia 16, 1984 [Sevilla, 1553]
[3] Inca Gracilazo de la Vega. Comentarios Reales. Prólogo, edición y cronología de Aurelio Miro Quesada. Sucre, Venezuela: Biblioteca Ayacucho, 1976, pág. 147. Tanto el canibalismo de los pueblos al norte de Perú, como la acusación de sodomía de muchos de ellos, son relatados por Pedro de Cieza de León en La crónica del Perú, capítulos xix, xlix y lxiv. En este último, por ejemplo, Cieza de León dice: “Lo cual yo tengo que era así porque los señores ingas fueron limpios en esto [en el pecado de la sodomía] y también los demás señores naturales”. Sin embargo, en toda la gobernación de Popayán tampoco alcancé que cometiesen este maldito vicio, porque el demonio debía contentarse con que usasen la crueldad que cometían de comerse unos a otros [...]” (Cieza, 269)
[4] Recientemente se realizó en Estados Unidos la demostración más numerosa de “latinos” en defensa de sus derechos e intereses. Cientos de miles de hispanos de todas las nacionalidades llenaron las calles de varias ciudades, desde el Oeste hasta el Este, pasando por varios estados del centro. Una verdadera exposición de “unión”. Sin embargo, Miami, donde se encuentra una de las comunidades “latina” más numerosas del país, brilló por su ausencia. Aparentemente nadie ha señalado aún este significativo hecho.
Les pièges de la morale
Jorge Majfud
Université de Géorgie
traduit de l’espagnol par :
Pierre Trottier
Il y a quelques jours, dans une entrevue télévisée, la mère du candidat présidentiel qui conduit les enquêtes au Pérou, Ollanta Humala, déclara que la première action du gouvernement de son fils devrait consister à exécuter un couple d’homosexuels afin qu’on en termine avec l’immoralité du monde. Pour sa part, son père a reconnu qu’il avait fait de son fils un militaire afin qu’il arrive au pouvoir. Son fils, un centimètre plus stratégique, leurs avait recommandé de ne pas parler jusqu’au jour des élections.
La confiance de cette mère en un acte « symbolique » de la part de son fils, en plus
d’être un acte criminel, est un monument d’ingénuité. De cette façon, on suppose
que si le fils de Marie ne put en terminer avec l’immoralité du monde, lui pourra
le faire, ce fils de madame Humala, faisant appel à une morale pharisienne que même
Jésus condamna de façon répétée. D’autres points de vue sont malgré tout tragiques
et significatifs : la commune échelle de valeur de l’Inquisition, selon laquelle
l’assassinat et l’abolition des droits humains sont nécessaires afin d’imposer la
Morale dans le monde – peut-
Cela démoralise de constater que l’alternative a une tradition politique conservatrice
en Amérique Latine, basée sur une culture d’abus – de classe, de sexe et de race
– et soit si mesquine comme celle qui, pire, prétend se vendre comme « révolutionnaire
». Comment est-
Ce fait est aussi significatif de provenir d’une femme, de la mère d’un supposé “leader indigène” qui n’est pas plus qu’un autre militaire autoritaire avec un discours différent mais avec la même mentalité de messianisme moralisant des autres temps. C’est une preuve de plus de la trahison du patriarcat qui a servi comme instrument principal dans la brutale conquête et la colonisation de nos peuples indigènes, qui aspirent à se libérer, utilisant les mêmes chaînes qui avant les opprimaient. J’essayerai d’expliquer cette thèse, brièvement.
Avec une infinité de données, je comprends que le système patriarcal n’était pas
si avancé dans l’Amérique pré-
Dans beaucoup de communautés de base de l’Amérique pré-
L’inhumaine persécution et exécution des homosexuels est un évident symptôme d’un patriarcat naissant, plus si nous considérons que nous n’avons pas la même histoire d’incinérations de lesbiennes. Le danger des femmes pour l’ordre patriarcal s’est exprimé sous d’autres formes, pas tant par sa pratique lesbique.
Maintenant, à quoi me référé-
Je comprends que dans le fond toute la philosophie et les mouvements sociaux du XX
è siècle – spécialement de sa seconde moitié – et de notre début de siècle, consiste
dans une lutte pour le pouvoir. La nécessité de définir si l’homme et la femme sont
égaux ou différents, à partir d’une position ou d’une autre, vise à une revendication
ou à une réaction. Depuis longtemps, les revendications féministes ont été plus effectives
dans le monde anglo-
Une autre stratégie typique des réactionnaires est de voir le problème de façon synchrone
et d’ignorer la perspective diachronique. Si j’élimine l’histoire d’un problème,
ce que nous avons aujourd’hui est un état « naturel », permanent et, par conséquent,
inquestionnable. Par exemple, les plus tolérants promeuvent les débats sur la question
“ est-
Par l’histoire nous savons que ce que nous appelons “homme” ou “femme” ne furent
jamais exactement la même “chose”, ni ne furent jamais absolument des choses différentes.
Cependant, dans le débat pour une « définition » déterminée, l’objet principal est
sous-
Jorge Majfud
27 mars 2006
Traduit de l’espagnol par :
Pierre Trottier, avril 2006
Trois-
Women, Gays, and the Treason of Latin American Patriarchy
A few days ago, in a television interview, the mother of the presidential candidate who leads the polls in Peru, Ollanta Humala, declared that the first action of her son’s administration should consist of executing a couple of homosexuals in order to put an end to the immorality in the world. For his part, the candidate’s father acknowledged that he had raised his son to be a military man so that he could rise to power. The son, a centimeter more strategic, recommended that they not speak further until election day.
The confidence of this righteous mother in a “symbolic” act carried out by her son, besides being criminal, is a monument to naivety. Only naively could one assume that even though Mary’s son was unable to put an end to the immorality of the world, Mrs. Humala’s son would indeed be able to do so, thus turning to a Pharisean morality that Jesus repeatedly condemned. Other points are even more tragic and meaningful: a scale of values shared with the Spanish Inquisition’s moralists, according to which assassination and the abolition of human rights are necessary to impose Morality on the world – the morality of criminals, needless to say.
It is demoralizing to confirm that the alternative to a conservative political tradition
in Latin America, based on a culture of abuses – of class, sex, and race – could
be so small-
The comment referenced above is also significant because it comes from a woman, from the mother of a supposed “indigenous leader” who is just another authoritarian military man with a different discourse but with the same messianic, moralizing mentality from other times. It is further evidence of a betrayal by the patriarchy that served as the main instrument in the brutal conquest and colonization of our indigenous peoples, who now aspire to liberate themselves using the same chains that oppressed them before. I will try to explain this thesis, briefly.
Based on endless data, I understand that the patriarchal system was not as advanced
in pre-
In many of the base communities of pre-
The inhuman persecution and execution of homosexuals is a clear symptom of the incipient patriarchy, even more so if we consider that we don’t have the same history of incinerating lesbians. The danger that women posed to the patriarchal order was expressed in other forms, not so much by their practice of lesbianism.
Now, what am I referring to in the title of this essay? If indeed we can assume that
the division of labor had an advantageous function for both sexes and for society
in a given moment, we also know that patriarchy, like any other system of power,
was never democratic nor, much less, innocent in its moralizing. In the pre-
In the social philosophy and social movements of the 20th century – especially the
second half – and of our current century, I see a fundamental struggle for power.
The need to define whether man and woman are equal or different, from one position
to the next, indicates either a demand or a reaction. For a long time feminist demands
have been more effective in the Anglo-
Another strategy typical of the reactionaries is to look at problems synchronically
and ignore the diachronic perspective. If I eliminate the history of a problem, what
exists today becomes a “natural,” permanent, and therefore unquestionable, state.
For example, the more tolerant conservatives promote debates under the question “Are
men and women different?” and “Is this difference biological or cultural?” But these
questions, like most debate questions, restrict the set of possible answers, when
they don’t impose one outright. Giving two choices and demanding a response is like
tracing a rigid line on the floor and asking on which side people stand. This habit
of denying the complexity of reality is a reductive ideological strategy that works
perfectly well in politics, but a self-
From history we know that what we’re now calling “man” or “woman” were never exactly the same “thing” nor absolutely different things. Nevertheless, in the debate over a fixed definition there is an underlying, unstated, main objective: a power struggle, for either liberation or strategic oppression. The proponents of this struggle are neither concrete people nor simply a social structure, product of an economic reality where struggle is engaged over material benefits: they are both. But if we cannot change through revolution the social and economic system – in our case, late capitalism and the old patriarchy – which authors the discourses and prescribes a Morality tailored to its own needs, perhaps we should still reserve the right to disobey the rhetoric, using the old custom of questioning and bombarding dogma with rational argument. Perhaps in this way thought might once again be placed at the service of a search for truth instead of serving power or personal ambition.
Jorge Majfud
The University of Georgia, March 2006
Translated by Bruce Campbell
Minneapolis, April 2006
[1] Luis Vitale. La mitad invisible de la historia. El protagonismo social de la
mujer iberoamericana. Buenos Aires: Sudamericana-
[2] Pedro de Cieza de León La crónica del Perú. Edición de Manuel Ballesteros. Madrid: Historia 16, 1984 [Sevilla, 1553]
[3] Inca Gracilazo de la Vega. Comentarios Reales. Prólogo, edición y cronología de Aurelio Miro Quesada. Sucre, Venezuela: Biblioteca Ayacucho, 1976, p. 147. Both the canibalism of the northern peoples of Peru and the accusation of sodomy against many of them are related by Pedro de Cieza de León in La crónica del Perú, chapters xix, xlix y lxiv.
[4] Recently the United States witnessed the largest demonstration ever of “Latinos” in defense of their rights and interest. Hundreds of thousands of Hispanics of all nationalities filled the streets of several cities, from west to east, and including several states in the center of the country. A true exhibit of “unity.” Nevertheless, Miami, home of one of the largest “Latino” communities in the country, was conspicuously absent.

artículos y ensayos
Este texto se conserva tal como fue publicado por primera vez en distintos medios de prensa, constando al pie la fecha de su primera publicación.